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Una noche para disfrutar de Zúrich

Perderse y cenar en la ciudad del Limmat

Los foráneos suelen crear asociaciones estereotipadas cuando piensan en la ciudad de Zúrich: la Bahnhofstrasse, banqueros estresados, caros Lamborghinis. Nosotros aportamos una solución. Informamos del encanto —no tan oculto— de la ciudad del Limmat y mostramos por qué una fiesta de pueblo no está en contradicción con la ciudad.

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«Chunsch au as Dörflifäscht?» (¿Vienes a la fiesta del pueblo?)— El Sr. y la Sra. Zuriqués responderían a esta pregunta con un rotundo «¡claro!». Para los foráneos, una fiesta de pueblo en la mayor ciudad de Suiza puede resultar confusa. Sin embargo, si observamos con más atención, tiene mucho sentido. Porque «Dörfli» o «Niederdörfli» («pueblecito») es el nombre de una parte del centro de Zúrich. Todos los veranos se celebra allí un gran festival con variada gastronomía, puestos de mercado, conciertos, bares y fiestas al aire libre. Y todo ante el maravilloso escenario del Niederdorf.

Cultura y compras, todo en uno

Para la población local, «Niederdörfli» designa todo el área de Niederdorf y Oberdorf, que parte del centro, cerca de la estación central de Zúrich, a lo largo del Limmat, hasta la Plaza Bellevue. En este último sitio iniciamos nuestra noche para disfrutar. Un pequeño paseo junto al Lago Zúrich es algo que merece la pena en cualquier estación. Cuando las temperaturas son muy elevadas, un chapuzón refrescante o un helado ayudan a soportar el calor.

Ahora iniciamos una ruta de descubrimiento por las numerosas callejuelas del Niederdorf, donde encontraremos alguna que otra boutique extraordinaria, cafeterías y restaurantes encantadores. Por el camino encontramos una de las tres iglesias más conocidas de Zúrich: la Grossmünster. Desde la Münsterplatz disfrutamos de la vista sobre el río y de otras iglesias conocidas de Zúrich, como la de la Abadía de Fraumünster y la de San Pedro. Volveremos a encontrarnos con ambas al final de la tarde. Por eso, ahora seguimos recorriendo las encantadoras callejuelas y disfrutamos de todas las pequeñas joyas que encontramos en ellas. No hay ningún lugar de Zúrich para perderse como Niederdörfli.

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Con tanto movimiento, nos hemos ganado un refrigerio. Y como la mejor manera de descubrir la ciudad de las fuentes es a pie, llegamos a la siguiente parada tras pocos minutos de paseo.

Delicias culinarias sin parangón

Zúrich se ha ganado un lugar en el libro de Guinness World Records. Sin embargo, y de forma excepcional, por una vez no es gracias al chocolate ni a los secretos bancarios. La estrella de nuestra historia es un restaurante donde la carne brilla por su ausencia. El céntrico Haus Hiltl es el restaurante vegetariano más antiguo del mundo. Desde 1898 mima a sus comensales con delicias procedentes de todo el mundo. Todos los amantes de la buena cocina son bienvenidos aquí. Si desean algo sencillo y probar un poco de todo, pueden disfrutar del variado bufé. Si, por el contrario, prefieren una atmósfera más original, deberán reservar por adelantado una mesa en el área con servicio y pedir a la carta.

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Hiltl sorprende con especias orientales y demuestra que la cocina vegetariana puede ofrecer mucho más que ensalada verde y zanahorias. Los platos, de inspiración principalmente asiática, se preparan diariamente en la cocina y la pastelería propias. Los zumos se sirven recién exprimidos, las limonadas y los tés helados son caseros y los brownies hacen las delicias de los más golosos. Con estas delicias, los carnívoros más encarnizados olvidan sus preferencias habituales. Y, si les ha gustado especialmente, pueden descubrir nuevas delicias en la «carnicería vegetariana» contigua. Allí ofrecen especialidades vegetarianas y veganas, vinos y especias refinadas para todos los gustos. O pueden comprar uno de los libros de cocina de Hiltl y probarlo en sus propios fogones.

Disfrutar de cócteles auténticos

En Zúrich no solo se come bien, sino que los amantes de los cócteles también pueden disfrutar mientras sacian su sed. Un paseo de siete minutos a pie nos lleva al puente Rathausbrücke. Antes de cruzar el Limmat, al que le hemos dedicado su propia bebida, nos detenemos un momento. En silencio, contemplamos las torres de las iglesias Fraumünster y San Pedro, cuyo reloj analógico es el más grande de Europa. ¡Otro récord para la pequeña Suiza! Como aún tenemos sed, volvemos sobre nuestros pasos y nos adentramos cien metros a la derecha en la orilla contraria del Limmat, hacia la última parada de nuestra noche para disfrutar de hoy: el BarMünster. La agradable atmósfera, con un interior antiguo y elegante, invita a disfrutar. Durante la semana, cierran a medianoche. Los viernes y los sábados, los zuriqueses y, naturalmente, nosotros también, disfrutan hasta las dos de la mañana del ambiente y de la variedad de bebidas.

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Hay más de sesenta cócteles distintos para elegir. Entre ellos, naturalmente, los combinados imprescindibles: mezclados a la manera tradicional o reinterpretados, así como creaciones propias de bármanes de gran talento. El bar también ofrece periódicamente delicias para los oídos. El primer domingo del mes hay música de primera clase en vivo ofrecida por intérpretes locales. ¡El BarMünster tiene fama de ser el lugar perfecto para una primera cita! La música es bella y nada estridente, el servicio es amable y atento, los cócteles ofrecen una refinada inspiración. Y, si es necesario, elevan un poco el ánimo. Sin embargo, nuestra recomendación personal es el típico café italiano, preparado a mano con una cafetera importada de Nápoles. En ningún caso queremos perdernos este rincón de Italia. Ni siquiera en el corazón del centro histórico de Zúrich. Y mucho menos si se acompaña de pasteles deliciosos.