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Vista general

Procedencia

Colombia, tierra de café

Arábica, el café de la montaña

Junto con Brasil, Colombia es uno de los principales países exportadores de café. Descubra por qué a los granos Arábica les van bien las condiciones reinantes en las montañas colombianas y el papel que ha tenido en la historia del éxito del café de este país un hombre con bigote y que lleva una burra sonriente.

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Desde finales del siglo XIX, el café es uno de los productos de exportación más importantes de Colombia. Su papel en el crecimiento económico de la nación es central. En las tres cordilleras del país se cultiva exclusivamente café Arábica hasta altitudes de 2300 metros sobre el nivel del mar. La mayor parte del café verde de Colombia sale en barco de Buenaventura y atraviesa el canal de Panamá en dirección al continente europeo.

Diversidad y calidad: ¡esos son los ases que Colombia tiene en la manga!

A los cafetos Arábica, que son extremadamente sensibles, les van bien, sobre todo, los climas moderados y estables. Donde mejor están es a altitudes considerables. De ahí que las zonas montañosas de Colombia sean un auténtico paraíso para las variedades de esta especie. Las condiciones del suelo varían en función de la región. Además, cada zona tiene un microclima diferente. La influencia de estos factores hace que en Colombia crezcan variedades de café con perfiles de sabor completamente distintos. Algunas tienen notas de frutos secos y chocolate y otras son más bien aromáticas y afrutadas. Esta gran diversidad de cafés especiales es uno de los ases que Colombia guarda en la manga contra sus competidores.

En muchos lugares, los cafetos ya tienen bayas verdes y rojas mientras algunas de sus ramas aún están en flor, cosa que solamente ocurre si el clima es estable y llueve con cierta periodicidad. Así, algunas variedades de café se pueden cosechar dos veces al año. Si bien esto supone más trabajo para los caficultores, también les proporciona unos ingresos fijos y, por tanto, una mayor seguridad.

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Huila y sus granos afrutados

Una de las regiones cafeteras más importantes y situadas a mayor altitud es el departamento de Huila, en el sudoeste de Colombia. Precisamente de allí proceden los granos Arábica que utilizamos para nuestro café de Single Origin Café Royal Colombia. Como es característico de esta región, presenta un sabor complejo con una acidez fresca y afrutada.

Los caficultores suelen ser minifundistas. A pesar de la modesta superficie de los cafetales, la mayor parte de campesinos tiene su propia máquina de procesado para el lavado de las bayas Arábica. Gracias a las perfectas condiciones climáticas, a un suelo rico en nutrientes y al apoyo prestado por la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia (FNC), aquí se cultivan los más selectos cafés en altura.

La FNC: la unión hace la fuerza

En 1927 se asociaron varios caficultores, creando la FNC. Su objetivo, que se ha mantenido hasta hoy, consiste en la mejora de las condiciones de vida de los campesinos que se dedican a este producto. Actualmente, esta organización sin ánimo de lucro cuenta con aproximadamente medio millón de socios, de los cuales la mayoría son pequeños agricultores. El cultivo sostenible y la constante mejora de la calidad del café son dos de los temas centrales que ocupan a la FNC. Para ello, invierten mucho en I+D de nuevas tecnologías.

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UTZ: buenos consejos para bisoños y veteranos

Tener la certificación UTZ supone enormes ventajas, tanto para los recién llegados al mundo del cultivo del café como para los más experimentados. Aquellos que se están iniciando en este negocio disponen de la información más reciente y producen ya desde el principio pensando en la sostenibilidad y la calidad del café. Pero los consejos también tienen una buena acogida entre los más veteranos. Al fin y al cabo, con sesenta y pico años tampoco se sabe todo todavía, ni mucho menos. Las inspecciones periódicas garantizan que los caficultores no se despisten nunca y que procuren mejorar siempre.

La certificación también contribuye a mejorar la organización de los campesinos entre sí. De este modo, se crean grupos de agricultores que comparten el transporte. Así, entre todos alquilan un vehículo apto para bajar al valle el café en bruto de forma segura.

Juan Valdez y su mula Conchita

En Colombia se dieron cuenta pronto de que, además de tener un producto de calidad, para que las exportaciones sean un éxito desde el punto de vista económico, también es fundamental un buen marketing. Así, en 1959, la FNC dio vida a Juan Valdez. Juan es un personaje de ficción que representa a un campesino colombiano y que hace referencia al café auténtico y de calidad de este país. Por eso lleva el atuendo típico con su sombrero y sigue luciendo su peculiar bigote en el que, a pesar del paso de los años, todavía no tiene ni una sola cana. Y, siempre a su lado, está la mula Conchita, que sonríe feliz y que también sigue siendo bonita aunque haya pasado mucho tiempo. ¡Seguro que es por el aire de las montañas colombianas!

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En 2002 se abrió la primera cafetería Juan Valdez en Bogotá, la capital del país. Se trata de la única cadena de cafeterías del mundo que pertenece a caficultores. Como fue creada por la FNC, sus socios se benefician automáticamente de los ingresos. En la actualidad, ya hay cafeterías Juan Valdez Café en todas las ciudades importantes de Colombia y en Washington D. C. y Nueva York. En la tienda online, también se puede comprar el café en China, Estados Unidos y Europa.

¿Una montaña rusa con final feliz?

Estas últimas décadas, los caficultores colombianos han vivido en una auténtica montaña rusa. En los años 90, por una parte, el gorgojo del café, que taladra los granos, se mostró muy hambriento y, por la otra, se replantaron amplias superficies de cultivo. Ambas cosas tuvieron como consecuencia considerables pérdidas en la cosecha. Después fue la roya del cafeto, una enfermedad provocada por una plaga de hongos, la que atacó a estas plantas. Hasta hoy, el cambio climático es otro de los retos a los que se enfrentan los campesinos; sus consecuencias son períodos de sequía más prolongados y precipitaciones más intensas de lo normal en la temporada de lluvias.

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Por todo esto, a fin de mantener su competitividad en el mercado, en Colombia se está apostando cada vez más por fomentar nuevas variedades de café. Por un lado, eso implica que han de plantarse variedades de café más resistentes que desafíen a los cambios que se han producido en las condiciones climatológicas y que sean inmunes a las plagas. Por el otro, los colombianos están apoyando cada vez más los cafés especiales, conseguidos, entre otras cosas, mediante el desarrollo y la aplicación de nuevas tecnologías.

Colombia va por el buen camino. De seguro que, gracias a la diversidad de perfiles de sabor y a la continua mejora de la calidad de las variedades de café, Juan Valdez y su mula Conchita seguirán sonriendo también en el futuro, igual que nosotros cuando disfrutamos de un auténtico café colombiano.