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Vista general

Procedencia

Etiopía, tierra de café

La cuna del café

Los auténticos amantes del café no conciben una vida sin su bebida favorita. Sin embargo, muchos ni siquiera saben cuál es el origen de ese elixir de vida de color tostado. Por eso queremos dedicar esta página a la cuna del café y explicar por qué las cabras son seres increíblemente inteligentes.

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Aunque, según los estudios más recientes y las leyendas locales, el café tendría su origen en Sudán del Sur y el Yemen, no cabe la menor duda de que este título corresponde a Etiopía, pues fue su popularización en este país la que abrió el camino a su éxito por todo el mundo. Etiopía es tremendamente rica en variedades cafeteras y, en la actualidad, famosa por su gran diversidad de cafés especiales. El particular e individual perfil de sabor que presentan hace que los que entienden de café los aprecien mucho.

Cabras hiperactivas

Una de las leyendas en torno al descubrimiento del café cuenta que un pastor abisinio llamado Kaldi estaba cuidando de sus cabras y le sorprendió que se comportaban de forma rara. Vio como comían hasta hartarse las bayas rojas de un arbusto que, por aquel entonces, aún no conocía y después se ponían a saltar por todas partes y no había quien las controlara de lo hiperactivas que estaban. Cuando descubrió el motivo al que se debía ese comportamiento, decidió probar él también aquellos frutos. ¡Eureka!, a partir de entonces, siempre hacía su trabajo diario con mucha más fuerza y una energía sorprendente. También cuentan que competía en carreras con sus cabras, ¡y que las ganaba! En un monasterio que se encontraba cerca de allí, a los monjes les llamó la atención el estado físico de aquel hombre. Cuando descubrieron su secreto, decidieron hacer lo mismo que él, por lo que empezaron a tomar bayas de café todas las noches antes de retirarse a rezar.

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Antes que la bebida fue la barrita energética

Así, en su fase de descubrimiento, el café no se bebía, sino que se comía. Antiguamente, en Kaffa, en el sudoeste de Etiopía, las bayas de café se mezclaban con mantequilla y pimienta roja y otras especias para servir a los invitados más distinguidos de cada familia un tentempié revitalizante. Por aquella época, se comerciaba con estas bayas sobre todo por su valor nutritivo y solamente se demandaban las recién recolectadas. Dado el proceso de fermentación natural, las bayas de café tenían que ser transportadas lo más rápido posible. Como a veces eso resultaba muy complicado o imposible, muchos campesinos empezaron a cultivar café en sus tierras.

Otras fuentes dicen que hacia finales del siglo XVIII los granos de café se tostaban, se molían y, a continuación, se mezclaban con mantequilla. La etnia de los oromo tomaba esas bolitas de cafeína como alimento energético, pues les daban más fuerza que muchos otros productos. Ni siquiera la carne o el pan estaban a la altura del café, el peso pesado de los revitalizantes.

Una de las primeras bebidas que se preparó con el café fue la conocida por el nombre de «chemo». Para elaborarla, se tuestan o se secan las hojas de la planta del café y, a continuación, se rompen en pedacitos y se ponen a hervir con hierbas silvestres y todo tipo de especias. Esta bebida de cafeína aún se sigue preparando y consumiendo en las zonas occidentales de Etiopía.

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Del método de beneficiado dependen los aromas

Pero volvamos al presente. El café etíope es muy apreciado y consumido en todo el mundo. ¿A qué se debe esto? ¿Acaso tiene un perfil de sabor característico? No puede decirse que sea así, pues, en función de la variedad de café y de la forma de elaboración, presenta notas completamente diferentes, desde aromas cítricos refrescantes, pasando por los de frutos secos, hasta los florales con un ligero dulzor. El café etíope lavado tiene un sabor complejo y elegante, mientras que el procesado en seco puede presentar notas afrutadas muy marcadas. Así, se obtienen cafés para todos los gustos de los amantes de esta bebida.

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Café con origen único en el sudoeste de Etiopía

En el caso de los cafés de origen único, sus matices específicos de sabor están presentes en toda su intensidad y sin que nada los enmascare. Nuestro Café Royal Ethiopia tiene un sabor intenso y fuerte con un toque de albaricoque y miel y una ligera y aromática acidez.

Los granos Arábica que empleamos en su elaboración provienen de la plantación Kaffa Forest, situada en el sudoeste del país etíope. Este cafetal se encuentra a 1750-1850 metros sobre el nivel del mar y tiene 2000 hectáreas de terreno. En él, las plantas silvestres de café crecen entre otros árboles en un bosque natural que constituye prácticamente la mitad de la superficie de la plantación. Así, están protegidas de un exceso de sol y se preserva la biodiversidad. Las hojas que van cayendo al suelo sirven de fertilizante natural.

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El café de Kaffa Forest cuenta con la certificación UTZ y da trabajo seguido a 400 personas. Una vez han madurado, las bayas se recolectan a mano y, después, se lavan o se secan al sol. El área se divide en seis microexplotaciones para poder organizar mejor el cultivo y la cosecha.

Por cierto, dicen que por esa zona se encuentran los últimos ejemplares del león silvestre etíope, aunque no ha podido documentarse si, al igual que hacían las cabras, también se comen las bayas de café y después van a cazar a sus presas en estado de hiperactividad.