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Vista general

La baya de café

Té helado hecho con bayas de café

Cascara: una tragedia con final feliz

Tratándose del café, a nadie le interesa más que el grano. Pocas personas se interesarían por el fruto que alberga el grano, protegiéndolo mientras crece. ¡Pero nosotros sí! Siga leyendo y sabrá qué tesoro se esconde en este olvidado producto natural y si la historia de tantas penas termina, pese a todo, con final feliz.

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«Cáscara» es una palabra de origen español. Cuando hablamos de café, sirve para denominar la pulpa de la baya del café que recubre el grano. Los diferentes beneficiados del café eliminan esta pulpa, centrándose absolutamente en el hueso del fruto. Pero aquí, por una vez, nuestra atención se dirigirá a eso que, en sentido literal, rodea el grano. En este artículo, pues, lo que nos interesa es el fruto, no la semilla que contiene.

Érase una vez una baya de café que todos desdeñaban

De acuerdo: desdeñar es un término demasiado fuerte. «Olvidar» sería quizá más acertado. El hecho es, en cualquier caso, que, desde que se descubrió el café, las miradas se dirigen casi exclusivamente al grano. Es el genuino tesoro que todos quieren desenterrar. El fruto que lo alberga es nada más que un medio para lograr un fin. En los países occidentales consumidores de café no se conoce apenas Cascara en forma de bebida. Pero los tiempos cambian, para bien, y con ellos la actitud de la gente frente a un fruto tan infravalorado.

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De papel secundario a protagonista

Son muchos los países productores de café en los que, desde hace siglos, se emplea la corteza de la baya del café para preparar una bebida de efecto energizante. En Yemen se bebe esta infusión, preparada con jengibre, canela y azúcar, denominada allí quishar. La bebida, que se consume caliente, goza de particular preferencia en los fríos meses del invierno.

En los últimos años se está observando un cambio radical en el mundo del café. Las personas que toman café no solo quieren ya una calidad de primera, sino que ahora también se interesan por los países de origen y el contexto del cultivo y el procesamiento. Quieren que el café esté cultivado con criterio sostenible y respetándose el equilibro ecológico. Dentro de esta tendencia, cada vez más personas se interesan por saber qué le ocurre a los restos de la baya del café una vez extraída de ella el preciado hueso de su interior.

Tras cada cosecha de bayas, la plantación sufre escasez de nutrientes muy valiosos. Muchas de estas sustancias están presentes en la pulpa del fruto. Por ello hay una opción idónea: utilizar la pulpa como abono natural que sirva de «pienso» para el café de la plantación. De este modo, la pulpa ofrece una rentabilidad sólida, regular y duradera.

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Lo profundo está en la piel: los talentos ocultos de la baya del café

Además de para abono, las bayas de café, una vez secas, se utilizan también para preparar una refrescante infusión de tonalidad ambarina y suave dulzor. La corteza tiene una concentración de cafeína particularmente elevada, puesto que sirve para proteger el grano del café contra insectos. Pero, en tanto por ciento, este contenido de cafeína se rebaja al hervir. De este modo, el té helado que se prepara así tiene la virtud de levantar el espíritu, pero sin quitar el sueño por la noche. 

Para proporcionar un sabor óptimo, las bayas más idóneas son las maduradas al sol. Cuando han madurado sometidos a irradiación solar suficiente, los frutos desarrollan un perfil aromático complejo, acompañado de un dulzor natural que recuerda a la miel. 

Y así es como la baya de café, al principio desdeñada y desatendida, termina alcanzando un puesto prestigioso. Y vivió feliz para siempre. Y, entre tanto, supo cómo endulzar la vida de muchos amantes del té helado.